El río de la vida (y de la salud)

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El río de la vida y de la salud

Vaya por delante que espero que este post no suene como el típico anuncio de desodorantes o de higiene íntima tipo “¿A qué huelen las nueves? O ¿A qué huele lo que no huele…?

No obstante no prometo nada.

Conforme pasa el tiempo y se acumula información ( a poquitos eso sí…) las perspectivas y puntos de vista van variando de lugar y cogiendo diferentes distancias, dice Antonio Escohotado, citando a Freud, que no variar de opinión en toda una vida es un síntoma de neuróticos y más o menos de eso se trata en las ciencias de la salud (y cualquier otro aspecto de la vida, ciertamente…) de ir recopilando toda la información posible e ir aprendiendo y entendiendo cosas cuando metemos la pata (normalmente esta será la mayor fuente de información si uno está atento…)

En mi caso particular (como el de la inmensa mayoría hablando de la actividad en consulta de dietética y nutrición) nada tiene que ver la metodología del primer día que me senté delante de una persona, a la que empleo ahora. Si bien es cierto que la carga ponderal que representa mi actividad en consulta se ha reducido en favor de otro tipo de actividades (formación, divulgación, etc.) procuro evolucionarla todo lo que puedo de la mano de mis cambios de perspectiva. Hasta el punto en que hace no mucho me encontraba en mi actual clínica (clínica MoMa en Santomera, Murcia)clinica-moma

tratando de sacar a una usuaria del enroque que suponen creencias como que existe una cantidad de raciones de legumbre o de vasos de agua que “HAY” que consumir al cabo del día o de la semana… o de si la leche es buena o mala… etc… tratando de explicar la cuestión con una metáfora de parvulario sin darme cuenta…(probablemente la habría leído en alguna parte, no creo que mi creatividad diera ni para metáforas de párvulos…) le venía a decir algo así como que la vida, la salud, es como (no, no le dije que la vida es como un toro citando al aquel erudito…) un río al que llegaban diferentes afluentes con un determinado caudal, y que estos afluentes podrán ser desde aguas cristalinas hasta aguas fecales, y que lo que habría que valorar es el cómputo global a la desembocadura del río, donde habría que analizar la calidad de las aguas. De tal modo que estos afluentes serían los determinantes de la salud, desde genéticos hasta ambientales pasando por el estilo de vida (sin olvidar los sociales y económicos que determinan en buena medida este último incluso los genéticos, pero eso es un tema sobre el que hablaremos próximamente y donde citaremos a gente más versada como Juan Gérvas o algún compañero como Marc Casañas).

Pues ahí me encontraba pronunciando las palabras la vida y la salud son como un río, y así es, y además cuando esta usuaria pasados 40 minutos (de tubo infernal y ya con los odios sanguinolentos) me preguntó si no le iba a poner una dieta, a su vez le contesté con una serie de preguntas sobre alimentación saludable y dado que la historia dietética era absolutamente razonable, con las salvedades de ingesta por ansiedad y/o por aburrimiento, el sedentarismo, etc., le pregunté cuántas veces había recibido dietas de cuantas personas, profesionales o no, y qué resultado había obtenido dado que se encontraba en la consulta de un dietista de nuevo. Bajó la mirada y al volver a subirla me miró y me dijo “pues tienes razón”, me hace falta saber “cómo” puedo hacer lo que “tengo” que hacer en lo referente a la dieta y al ejercicio [por cierto principales componentes del determinante de la salud más importante que es el estilo de vida (condicionado en mayor o menor medida por un estatus socioeconómico determinando)]. Y llegamos a la educación nutricional y el trabajo para el cambio e implementación de hábitos de vida que aumenten las probabilidades de que esta persona consiguiera controlar su “peso” (ya que era su objetivo).

De modo que me reafirmo en que la vida es como un río y además como una caja de bombones (este sí era un erudito y un fenómeno…!!!)

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